El honor y la política

www.elguadalope.es

Luis Javier Sagarra de Moor. Abogado y cargo público

Agradezco a la dirección de El Guadalope su invitación para exponer mi opinión sobre cuestiones de actualidad; así lo hago a continuación.

Recientemente, un magistrado de la Audiencia Nacional dictaba una resolución en la que tachaba a la “clase política” de decadente a la vez que ponía en libertad a las personas convocantes de una manifestación cuyo objetivo era cercar el Congreso de los Diputados.

Una serena reflexión conduce a valorar la cita judicial desde diversas ópticas. Me inclino por considerar dentro de esa clase política decadente exclusivamente a quienes han hecho de la política un ejercicio desleal para con los ciudadanos, movidos por su ambición personal y fomentando la cultura del pelotazo.

Esa clase política decadente carece de escrúpulos en el uso del poder que se les ha conferido, lleva el oportunismo por bandera, se cree privilegiada y con derecho a situarse por encima de los demás.

Es una casta que utiliza las instituciones para alcanzar beneficios personales a costa del erario público porque ha sido incapaz de generar sus recursos económicos en el noble ejercicio de una profesión u oficio.

Son la viva imagen de la perversión de la democracia y utilizan todo tipo de resortes para alcanzar puestos de poder, aún a costa de su honor.

Opino que a esa clase política decadente es a la que los manifestantes repudian. Por fortuna no son muchos los que la forman. Por ello al igual que el árbol no debe tapar el bosque tampoco resulta justo incluir a todos los que formamos la base política. No es lo mismo ser clase que ser base.

Los que formamos las bases de la política, somos ciudadanos que tenemos como divisa el honor y hacer del cargo público un servicio a la sociedad, con especial dedicación a las personas que más apoyo necesitan para salir adelante. Se trata simplemente de una vocación nacida desde la cultura de solidaridad, al ser plenamente conscientes de que es necesario participar directamente en la organización política y administrativa para gestionar con eficacia los servicios públicos. Sabiendo siempre que somos necesarios pero no imprescindibles.

Respecto a los convocantes de la manifestación para cercar el Congreso de los Diputados tengo que decir que se equivocaron. Quizá no han vivido, o simplemente han olvidado, a las generaciones que dejamos los mejores años de nuestra juventud combatiendo el sistema dictatorial con el objetivo de alcanzar la democracia como sistema social para vivir en libertad.

En los últimos años de esa dictadura, se coreaba en todas las manifestaciones –casi siempre ilegales- un eslogan que decía: “democracia, libertad y estatuto de autonomía”.

La democracia se consolidó con la aprobación de la Constitución Española y ahí se establecen los derechos y obligaciones por los que nos regimos para ordenar nuestras relaciones sociales. Cercar una institución donde reside la soberanía popular, como cámara legislativa libremente elegida por el pueblo, refleja una falta de conocimientos sobre nuestra historia reciente; al igual que reclamar la independencia por algunas de las Comunidades Autónomas supone un claro quebranto de la Ley de leyes.

La crisis económica que sufrimos es fruto de innumerables errores sumados y multiplicados a lo largo de varios años y si bien es cierto que una de las formas de pronunciarse frente a ellos es convocar y asistir a manifestaciones, no es menos cierto que otra de las actividades a desarrollar es ponerse al servicio de los ciudadanos, dando lo mejor de nosotros mismos y renunciando a todo tipo de privilegios que conllevan algunos cargos públicos.

Romper con el sistema democrático que nos dimos en un ejercicio de libertad no puede dar solución a la crisis y mantenerse en los errores tampoco. Hay que poner esas deficiencias blanco sobre negro y luchar para que se haga justicia y que cada uno cumpla con sus obligaciones.

Hoy, más que nunca, estamos demandado un profundo cambio en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Es el tiempo de hacer de la política un ejercicio de responsabilidad, una actividad honrosa. Cierto que la crisis requiere un esfuerzo añadido para todos, pero no cabe duda de que el empeño que pongamos en salir de ella hará que más pronto que tarde dejemos atrás tanto sufrimiento.

A todos los cargos públicos debemos exigirles que cerquen a la “clase política decadente” y la destierren para siempre. Quienes ostentamos cargos públicos -por insignificantes que parezcan- tenemos la obligación de defender el interés público, no sólo para obtener el apoyo de quienes nos han depositado su confianza sino también para avanzar sin denuedo en una profundización del sistema democrático que de solución a los graves problemas que nos invaden.

Se han consumido los recursos públicos que teníamos en las arcas del Estado así como los dineros prestados para alcanzar un Estado del bienestar que se nos refleja ahora como muy lejano. Por eso, todos los ciudadanos tenemos el deber de afrontar con entereza esta situación, buscando fórmulas de acuerdo y compromiso. No podemos delegar los esfuerzos, ya que todos somos necesarios y todos se nos exige que aportemos un plus de trabajo para hacer granero. Insuficiente resulta la creencia de que una vez instalados en ese bienestar artificial sólo podemos protestar para mantenerlo. No podemos gastar el dinero público que no generamos. Los acreedores ya no se fían y sólo renuevan los créditos ya gastados, cuyos intereses se nos comen el presupuesto. Y además tenemos la obligación de devolver lo prestado y ya gastado. Pocas fórmulas mágicas tenemos, salvo las ya conocidas: dejar de gastar lo que no es necesario y producir todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades.

El que quiera manifestarse está en su derecho pero igualmente todos tenemos el deber de sacar al Estado de esta enorme sima. Y cuando toque elegir a nuestros representantes públicos también hagámoslo en libertad, opciones hay muchas y muy variadas. En ese momento y con la que está cayendo sabremos valorar mejor el voto.

Luis Javier Sagarra de Moor

Abogado y cargo público

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: